Fue la quinta vez que nos reuníamos para pasar un buen rato, recordar nuestros tiempos de juventud y ponernos al día los unos con los otros y degustar una buena cena en compañía de nuestros compañeros de promoción. En esta ocasión decidimos cambiar de local para de este modo identificar cada uno de los eventos realizados con un determinado local en nuestro pueblo, y se acordó que fuese en el restaurante Menfis el sábado 16 de junio, ya que el siguiente sábado se celebraba la noche de San Juan.
Desde un principio quisimos innovar, intentar sorprender gratamente a nuestros compañeros y hacer de este evento, como ocurrió con los anteriores, un momento especial que quedase grabado en la memoria de todos nosotros.
A tal efecto, pasamos un largo tiempo reuniéndonos para diseñar las actividades a realizar tras la cena el día señalado. Hubo, como de costumbre, una gran tormenta de ideas, tras la cual acotamos las actividades de entretenimiento a unas pocas para no cansar a los compañeros, imaginándonos que sobre todo les apetecería cenar, charlar, tomar una copa y, si el cuerpo y la música lo permitían, bailar como hicimos en la Tiffany’s, Tula o Eros en su tiempo. Siempre nos motivó el hacer de cada uno de estos eventos un momento especial y que no consistiese simplemente en una cena y unas copas, cosa que podíamos hacer en cualquier momento del año sin planificación alguna.
Todo empezó a las 21 h con una foto de los asistentes justo delante del restaurante en la glorieta del parterre que allí se encuentra. No podemos sino sentir una gran añoranza y cariño por los varios compañeros que en esta foto se encuentran y que hace tiempo que ya no están entre nosotros. Que descansen en paz… fue un honor y un orgullo tenerlos de compañeros. Y llegó el momento de los fuegos artificiales, para lo cual Eleuterio Gómez ya se había encargado de adquirir unas cajas con una variedad de cohetes. Nos viene una sonrisa a la cara al recordar cómo fue la comidilla del pueblo al día siguiente del tal castillo de fuegos, pues nadie lo supo identificar con celebración alguna.
Una vez sentados ya a las mesas en el salón principal del restaurante, cada cual con quien quiso, nos aplicamos a degustar la cena que habíamos acordado previamente. Por supuesto que cada uno tiene sus preferencias de comida y de restaurante, pero creemos que en conjunto la gente quedó bastante satisfecha.
Ya en los cafés empezaron las actividades programadas. Primero hubo un concurso musical consistente en adivinar qué canción se reproducía durante cinco segundos desde el principio. Hubo una dura pugna entre los compañeros en las distintas mesas y finalmente se regaló un CD con la música del evento a cada uno de la mesa ganadora. Posteriormente, hubo un concurso de chistes y el jurado, compuesto por los organizadores del evento, le dieron al ganador su merecido premio. Entonces llegó la actividad estrella de la noche… el rosco. A imagen y semejanza del famoso “Rosco” del concurso televisivo Pasapalabra, los organizadores habían elaborado un rosco con preguntas sobre nuestro tiempo de estudiantes en el instituto. Fue muy entretenido y todos lo pasaron en grande. Por supuesto que la mesa ganadora recibió su merecido premio. Y de ahí pasamos al momento musical, con karaokes y música para escuchar y bailar, con barra libre y un barreño de agua de Valencia de batalla. Hubo gente en el salón hasta bien pasadas las 3.00 de la madrugada.
Allí, en el restaurante Menfis, ese día, y en vista de la experiencia tan positiva y gratificante para todos los asistentes, nos comprometimos a organizar el evento de las Bodas de Oro de nuestra promoción para el 2027.

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